Ivonne Passada  

La nueva concepción de la salud mental

27/09/2016

A la mal llamada ley del sicópata, que data de 1936, le quedan pocas horas de vigencia en nuestro país.
En estos días finaliza la discusión en comisión del nuevo proyecto de ley que modifica y transforma el modelo de atención, abordaje y tratamiento de salud mental, un proyecto de ley que se enmarca en la concepción de un Sistema Integrado de Salud con la mirada de los Derechos Humanos.

Es así que podremos dar respuesta como país a los organismos internacionales que hoy cuestionan la ley en vigencia del año 1936. Ha llegado el momento de abandonar las malas y viejas prácticas manicomiales que existieron y existen aún en Uruguay. Pasaron 79 años para modificar viejas concepciones en materia de salud mental como la creación de colonias para alienados, los hospitales psiquiátricos monovalentes y la triste figura estigmatizante del “loco”.

Tenemos un producto final y una propuesta de ley que fue abordada desde diferentes miradas, teniéndose en cuenta los aportes desde el Ministerio de Salud Pública y ASSE, instituciones de Derechos Humanos, Asamblea Instituyente por la Salud Mental, Desmanicomización y Vida Digna, el Colectivo de Vilardevoz y otras organizaciones sociales referentes del tema, donde se ha logrado mantener la mirada de todos los actores en un tema complejo que casi siempre ha sido olvidado en todas las agendas: la salud mental.

La propuesta se basa en que la salud mental es un componente inseparable de la salud integral y debe de ser tomado como un derecho humano básico para la vida de todo ser humano.
En este concepto nuevo de cambio de modelo de atención tendremos el cierre progresivo de las actuales estructuras asilares y monovalentes por la sustitución de alternativas de inclusión en residencias, modelos de comunidad conocidos también como casas de medio camino.

Hoy tenemos una realidad que nos golpea por igual, todos somos capaces de sufrir un estado de alteración emocional modificable, superándose desde la prevención, seguimiento, y de avanzar estaremos derribando la idea de lo permanente, de lo no modificable y del uso incorrecto del encierro frente a este tipo de situaciones, ya que, estas transformaciones van de la mano con la desaparición de la figura del modelo asilar.

Las cifras hoy son algo contundentes, solo un 3% o 4% de pacientes con trastornos mentales requieren atención permanente para toda su vida. Por eso, esta nueva ley apunta hacia ese nuevo paradigma de la salud mental, donde lo invisible deja de ser la novedad corriente en aquellos que deben recobrar su visibilidad y crear las redes necesarias para que se sustituya el encierro por sistemas paralelos y que sean contemplados en el marco de los derechos humanos.

Cambiar este modelo de atención es también cambiar la matriz cultural en nosotros mismos ya que todos somos vulnerables a levantarnos una mañana cualquiera con un trastorno emocional que nos invalida, que nos puede provocar un miedo, un pánico una obsesión y hasta un intento de autoeliminación. Por eso la comprensión de este cambio es un nuevo paradigma que la sociedad debe ser capaz de apropiarse del mismo.

Se deberá romper con la idea de que los enfermos mentales deben estar alejados del resto de los enfermos en los centros de salud. Esto fomentó los estigmas que sufren doblemente los autoestigmas e inclusive la incomprensión familiar que sufre el paciente, separándolo de todo el entorno e inclusive del entorno de las áreas de salud. Sin tener la ley aprobada ya hay acciones concretas donde las salas y tratamiento de la salud mental de un paciente está incorporada en el mismo centro hospitalario como forma de ir interpretando ya el nuevo cambio de atención.

Estos resultados que se han llevado adelante durante casi ochenta años de una vieja ley que no fue acompañando los procesos de transformación en materia de salud mental ha tenido una fuerte responsabilidad de políticas sociales neoconservadoras que no tuvieron la sensibilidad de escuchar a sus propios afectados, el entorno, la familia y el abandonado de siempre que podía esperar porque como no eran visibles era menos necesarias las inversiones que podían ir procesándose en el cambio de modelo.

Por eso apostamos al proceso que se viene realizando en estos últimos diez años para poder abordar finalmente en una propuesta donde la promoción y la transformación de sociedades cada vez más integradas puede incorporar los conceptos y la colocación en la agenda de los derechos a que el ser humano obtenga para vivir en la diversidad, el todo desde lo físico, psíquico y lo socialmente referenciado.

Sabemos que tendremos un largo camino de transformaciones. No debemos contentarnos con tener solamente una ley aprobada de salud mental sino que deberemos a abocarnos a derribar barreras, lograr sacar la discusión de los ámbitos exclusivamente de la salud, dejar de ser indiferentes frente a esta oportunidad que nos da el haber logrado el acuerdo para el comienzo de la puesta en marcha de este nuevo modelo de atención, deberemos ser celosos custodios que la normativa garantice en pleno los derechos humanos de los pacientes, debemos resguardar el cumplimiento de la reinserción sociocultural y laboral porque el retorno a la sociedad de los pacientes es posible en esta nueva concepción.

Quizás lo más trabajoso culturalmente será derribar el estigma de que los locos son peligrosos, delirantes, psicópatas, alienados y que pueden presentar un peligro para la sociedad. Tenemos vientos a favor, ya no podrá el sistema, la familia ni la propia sociedad esconderlos, sacarlos a kilómetros de las ciudades en donde residen sus hogares, no estarán encerrados, aprenderemos a caminar junto con ellos.

Publicado en Diario La República