Andrés Berterreche  

Soberanía

28/09/2016

Hace unos días me encontré con una compañera con la que compartimos militancia estudiantil allá por los 80 y responsabilidades en el gobierno a partir en el 2005. Entre recuerdos de viejos tiempos y críticas y reconocimientos de lo hecho en los últimos años, con un clásico símil futbolero se me quejaba: “hacemos goles y nunca los gritamos”.

Lejos estaba de la autocomplacencia, pero le irritaba que cosas que sí se habían hecho muy bien, nosotros mismos las dejáramos en el olvido.

Y la queja no iba por el lado del mejoramiento económico que se había logrado por esfuerzos de todos y que el conservadurismo vernáculo, en un desprecio generalizado a las capacidades nacionales, se lo asigna al “viento de cola”. Hablaba de cosas más trascendentales y permanentes, de dignidad y soberanía.
Recordamos cómo no se transó con la planta de pulpa de celulosa que no fue, porque pedía cosas disparatadas reñidas con el interés nacional. Porque eso ocurrió, aunque no apareció en los titulares dominantes. Y eso era y es soberanía.

O cuando se prohibió la propiedad de nuestra tierra en manos de otros Estados, hecho este en que nos adelantamos a las posibles consecuencias y se legisló a estos efectos. ¡Y la pucha que esto es también soberanía!

En la fibra óptica y la electrificación rural, de mano de las empresas del Estado para que llegara a todos los ciudadanos, hecho este que jamás lo hubieran hecho las empresas privadas que persiguen estrictamente el lucro y no el interés nacional.

Tal vez un poco más agitados fueron los avances en la generación de energía por fuentes renovables. Pero el énfasis estaba en esto y no en la independencia que nos daba de las clásicas fuentes de energía que tenemos que importar. Porque no solo eran renovables, eran propias y nos dan independencia y libertad de decisión.
Podemos seguir varios miles de caracteres, pero calculo que los compañeros de elcambio.uy se enojarían con nosotros si nos tomáramos semejante licencia, por más reivindicativa y justa que fuera.

Pero hay una reciente a la que quiero dedicarle una mínima mención, tal vez porque fue el origen del lamento de la compañera y que dio comienzo al relato. La noticia expresaba: “Uruguay se agranda en 83.000 kilómetros cuadrados” (…) “la Convención de las Naciones Unidas (ONU) sobre el Derecho del Mar (Convemar) otorgó al país la extensión de su plataforma continental hasta casi las 350 millas. De este modo se adquieren derechos exclusivos para la prospección de hidrocarburos, por ejemplo, en la nueva zona del océano Atlántico”.

Con esta nueva realidad nuestro país accede a una superficie adicional de casi un 50% de su territorio actual.
Es cierto que no se tiene un dominio absoluto dentro de este nuevo territorio, de hecho la pesca no está incluida dentro de esta declaración, pero sí sobre otros aspectos que permiten generar derechos soberanos sobre riquezas que antes no teníamos. También es cierto que esto no comenzó ahora pero sí que fueron estos últimos gobiernos los que trabajaron en la sistematización necesaria para que esto fuese posible.

Ríos de tinta se han escrito de cosas intrascendentes que desde los medios nos fijan la discusión de la ciudadanía. Sobre el derecho soberano de este casi 50% más de territorio solo algún suelto. Defendámoslo y gritémoslo, porque este gol es nuestro.

Por último, y para los que sueñan con un Brexit a la uruguaya y una región balcanizada y destruida, hay que plantear que no debe haber habido mayor situación de soberanía que cuando se consolidaban los organismos y estructuras de integración regional. Porque para un país como el nuestro, en un continente como el que estamos, es imposible una verdadera soberanía sin integración regional.
 

Publicado en elcambio.uy