Andrés Berterreche  

ZUMBÍ *

09/12/2016

Paso la última página del libro que acabo de terminar y lo primero que pienso es en el raro devenir de esos objetos inanimados que toman vida cuando algún lector lo descubre. Éste al que hago referencia se llama “Palmares, la Guerrilla Negra”, de Decio de Freitas. Trata de las últimas décadas de la República de Palmares, tierra liberada por esclavos que escaparon y resistieron.

La historia, contada casi exclusivamente por los vencedores, habla del Quilombo y también del Reino de Palmares. De alguna forma tratando de desviar el verdadero alcance de 130 años de organización de población negra que se liberó y organizó en el nordeste brasileño.

También habla de Zumbí, que en idioma africano significa duende y que fue el último y tal vez más grande líder de esa resistencia, que solo con la delación pudieron derrotar.
Todo el libro es muy aconsejable para aquellos que les interese las raíces históricas y épicas de nuestra América Latina. Pero en este artículo quería referirme a dos aspectos que son los que pretendo, como espejo lejano, traer a nuestros días. Y paradojalmente se encuentran en los dos extremos del libro: en la presentación y en el cierre.
Y empezaremos en este último, donde el autor hace un análisis del porqué de las derrotas de todos los intentos liberadores de los esclavos, que solo en la República de Palmares resistió no menos de 40 expediciones hasta sofocar esta experiencia social producto del ansia de libertad. Él se lo adjudica a la falta de unión con los aliados potenciales: campesinos pobres y explotados, criollos y sectores medios enemigos del colonialismo y hasta negros libres, que nunca pudieron desacoplar la idea de la esclavitud aún en los pensamientos más avanzados.
Desde allí esto se proyecta en la necesidad de que los cambios profundos deben de venir con el previo y consecuente cambio cultural que los permitan. En nuestros días, por ejemplo, será muy difícil realizar las transformaciones hacia sociedades verdaderamente justas dentro de una visión capitalista y consumista que tiene como todo motor el consumo y su consecuente alienación.

De las experiencias históricas hay que sacar aprendizajes, la praxis debe de crear teoría, que se deberá adaptar a los cambios históricos consecuentes.
El segundo análisis deviene de la presentación realizada por los editores.
Allí se hace referencia a la “balcanización” de América Latina; y que una forma de que esto suceda es encriptar en la memoria local los hechos locales sin hacerlos trascender al conocimiento de carácter continental.
Zumbí es un personaje tremendamente conocido en el nordeste brasilero en nuestros días, y también en el resto del Brasil. Posiblemente mucho menos conocido en el resto de los países de América Latina, donde de alguna manera se ha trazado la historia de los movimientos liberadores como cajoncitos estancos. Ninguna de todas estas historias que se dieron desde la llegada de los europeos a estas tierras nos deberían ser ajenas.

Hace poco, intercambiando con algunos compañeros de otros países del Cono Sur comenté la historia de Palmares. Hubo consideraciones muy respetuosas hacia esta reconstrucción histórica, pero además aparecieron las del resto de los países que estaban circunstancialmente presentes en esa reunión. Por ejemplo, cómo dos bandos de la oligarquía criolla boliviana enfrentada terminaron combatiendo juntos contra el levantamiento de un cacique indígena, la historia del Chacho Peñaloza en la Rioja o la de Lautaro en la Araucanía.

La historia es del continente y hay necesidad de unificarla, entenderla e interpretarla. Rescatarla del olvido y las visiones excesivamente locales. Y utilizarla para proyectarnos al futuro.
Porque hoy más que nunca se debe romper con la balcanización e ir a una visión de bloque continental. Y al mismo tiempo mantener encendida como una llamita las condiciones subjetivas para el cambio. Porque ir en contra de la mística necesaria para accionar a favor de una realidad diferente es abonar el camino de las derrotas populares en nuestro continente.

* El Duende liberador de los esclavos negros del nordeste brasilero

Publicado en elcambio.uy