Martín Nessi  

Palestina existe

13/12/2016

Compartimos la intervención realizada en la sesión de la Junta Departamental de Montevideo el día 1 de diciembre del corriente año, en el marco del Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino:

"Gracias, señora presidenta. Es un gusto tenerla nuevamente por aquí.
En primer lugar, quiero dar las buenas tardes a todas y a todos los presentes. Quiero destacar la presencia en la barra del embajador interino del Estado de Palestina, Alejandro Hamed, en representación del embajador actual, Walid Abdel Rahim, quien no se encuentra en el país.
Como lo hacemos en todas las ocasiones, queremos destacar que esta presentación es fruto de un trabajo colectivo. Agradezco a mi compañera Soledad López, quien bastante nos ha ayudado con esto. También agradezco a los compañeros que realizan las tareas de relaciones internacionales en mi organización, que bastante nos han nutrido de materiales.
Hemos abordado este trabajo con la mayor disciplina exploratoria y de respeto hacia todas las partes involucradas.
Queremos comenzar dando lectura a parte de las palabras del señor Mahmud Abás, presidente del Estado de Palestina, presidente del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina, en ocasión del Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Dice así:
“Excelencias, Señoras y Señores: tengo el agrado de transmitirles los saludos del pueblo palestino, que esperan sus esfuerzos y apoyo en este Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino para que puedan ejercer su derecho a la libre determinación y poner fin a la ocupación israelí de la tierra del Estado de Palestina para que nuestro pueblo pueda vivir en libertad y dignidad en su propio país como todos los demás pueblos del mundo. ¿Es esto pedir demasiado? Ustedes saben, queridos amigos, que el 2017 marcará el centenario de la Declaración de Balfour de 1917 y el 50 aniversario de la ocupación israelí de Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental y la Franja de Gaza en 1967 y que conduce al 70 aniversario de la Nakba, catástrofe que azotó al pueblo palestino en 1948. En 1988, el Consejo Nacional Palestino declaró su acatamiento por el imperio del derecho internacional y las resoluciones de las Naciones Unidas. La Organización de Liberación de Palestina (OLP) única y legítima representante del pueblo palestino, ha hecho un compromiso histórico y sacrificio al acordar establecer el Estado de Palestina en las fronteras del 4 de junio de 1967, con Jerusalén oriental como su capital.
Reiteramos nuestro compromiso con los acuerdos concertados con Israel desde 1993, pero este compromiso debe ser recíproco…”.

Y más adelante el presidente palestino afirma:
“Este conflicto es puramente político y no religioso. Reafirmamos nuestro respeto por la religión judía. No hay animosidad entre nosotros y la fe judía y sus seguidores. Nuestra animosidad es hacia la ocupación israelí de nuestra tierra. Buscamos una solución justa y duradera al conflicto basada en la visión de dos Estados en las fronteras de 1967” -ahí se ven en el mapa las fronteras- “Israel y Palestina que viven uno al lado del otro en paz y seguridad y disfrutan de buenas relaciones de vecindad.”
Por otra parte, queremos destacar también un fragmento del mensaje del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, en el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, el 29 de noviembre de 2016. Dice Ban Ki-moon:
“Este año, el número de demoliciones de viviendas palestinas y otras estructuras por las fuerzas israelíes se ha duplicado con respecto a 2015. Gaza sigue viviendo una situación de emergencia humanitaria; hay 2 millones de palestinos afectados por el desmoronamiento de las infraestructuras y la parálisis de la economía, y decenas de miles que siguen desplazados, a la espera de la reconstrucción de las viviendas destruidas por el conflicto”.
Entendemos que en parte de estas dos intervenciones están los ejes que nos pueden permitir abordar y comprender de la mejor forma este conflicto.
La historia siempre es un elemento a tener en cuenta para la comprensión del presente. Brevemente recordamos que en la antigüedad la zona fue invadida por asirios, babilonios, persas, macedonios y romanos. En el siglo VII después de Cristo, Palestina fue ocupada por árabes y luego invadida por los cruzados europeos. En 1516 se estableció la dominación turca, que duraría hasta la Primera Guerra Mundial, cuando se impuso el mandato de los invasores británicos.
Una vez más en la historia, imperios como Gran Bretaña e incluso Francia se tomaron la potestad de invadir y decidir a sangre y fuego sobre territorios que no les pertenecían. El 11 de diciembre de 1920, Maurice Hankey, secretario del Gobierno británico, escribía en su diario:
“Clemenceau y George han cruzado el mar luego del armisticio y se les brindó una gran recepción militar y política”.
Lloyd George y Georges Clemenceau fueron conducidos a la Embajada de Francia.
Cuando estuvieron solos, Clemenceau dijo:
“-Bien. ¿De qué tenemos que hablar?
-De la Mesopotamia y Palestina, respondió Lloyd George.
-¿Qué es lo que quiere?, preguntó Clemenceau.
-Quiero Mosul, dijo Lloyd George.
-Lo tendrá, dijo Clemenceau. ¿Nada más?
-Sí, también quiero Jerusalem, continuó Lloyd George”.

Esta conversación entre líderes de Gran Bretaña y Francia es reproducida por el profesor Henry Laurens, del Collège de France, en Le Monde Diplomatique del mes de julio de 2014. Esto, señora presidenta, es una muestra más de cómo las potencias se creyeron y creen dueñas del mundo y del derecho de repartir a su antojo nuestras tierras.
En la década de 1910, los vínculos entre las fuerzas imperiales y los extremistas del sionismo ya eran más que públicos. En mayo de 1916, Mark Sykes, conocido orientalista británico, y George Picot, cónsul francés en Beirut, firmaron un documento mediante el cual, una vez finalizada la guerra, en el dominio británico quedarían Palestina, Transjordania, Iraq y otras zonas del Golfo correspondientes a las actuales Arabia Saudita y Kuwait, mientras que Líbano y Siria corresponderían a Francia. Por supuesto, nunca se consultó a las poblaciones de esos países sobre su suerte, y este acuerdo solo se conoció en 1917, cuando bajo órdenes directas de Trotsky el documento se dio a conocer a la opinión pública mundial. Parecen escenas de películas de piratas, pero no lo son: así se dividían el mundo.
Ya en esa época, como dije, es notorio el vínculo entre el imperio británico y los extremistas del sionismo. Incluso antes del Mandato de Palestina los británicos designaron al sionista Sir Herbert Samuel como su alto comisionado en el país.
Las cartas estaban echadas y son varias las muestras de alianzas militares entre Gran Bretaña y el sionismo. Son tan conocidas como la dureza del régimen británico en Palestina, que no dudó en usar la violencia, utilizando incluso la Royal Air Force en 1939 -la fuerza aérea el imperio británico-, con 6.594 víctimas, entre muertos y heridos; incluso fueron a parar a prisión 5.639 árabes, y 110 líderes fueron condenados a muerte y ejecutados.
En la década del 40 el sionismo cambia su eje para desplazarse hacia los Estados Unidos de América, vínculo que mantiene intacto hasta el día de hoy.
Llega 1947, y debido a la situación de violencia descontrolada el ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña declaró:
“El gobierno de Su Majestad no tiene por sí solo, en virtud de los términos del Mandato, el poder de entregar el país a los árabes o a los judíos o dividirlo entre ellos. En esas circunstancias, hemos decidido que no podemos aceptar el plan propuesto por los árabes o por los judíos y que tampoco podemos imponer una solución propia. Por ello, hemos llegado a la conclusión de que el único camino que podemos seguir es el de someter el problema al juicio de las Naciones Unidas”.
La Resolución Nº 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, votada el 29 de noviembre de 1947, por 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones, recomendó la división de Palestina en ocho partes: tres se asignaron al Estado judío -56% del territorio-, y cuatro al Estado árabe -incluyendo el enclave de Jaffa-, que en ese entonces era el 43% de la superficie.
La población se distribuyó de la siguiente manera: 498 mil judíos y 497 mil árabes para el futuro Estado de Israel; 804 mil árabes y 10 mil judíos para el Estado árabe, y 106 mil árabes y 100 mil judíos para el Estado internacional.
Las tierras que eran propiedad de los judíos y estaban habitadas por ellos quedaban incorporadas al Estado judío. A ellas se agregaban superficies pertenecientes a los árabes que el sionismo quería controlar, como el Néguev, que representa la mitad de la superficie del país.
El año 1948 es clave y dramático: comienza la sangrienta invasión sionista mediante el Plan Dalet. Para los palestinos comenzó la Nakba: destrucción, catástrofe; el inicio de la tragedia nacional. En un primer momento, 750 mil palestinos y palestinas huyeron a países vecinos o fueron expulsados por tropas sionistas. El motivo para huir era sencillo: si te quedabas, morías; si te quedabas, te mataban.
El sionismo nunca aceptó -ni acepta- compartir territorios. Allí, palestinos y palestinas debieron huir de sus casas, dejando la comida en el fuego, los cuadros colgados, la ropa tendida. Corrieron asustados -y perdonen lo duro de las expresiones- de ver cómo destripaban a sus embarazadas, cómo mataban a sus niños, a los ancianos; vieron a los habitantes de las ciudades, pueblos y aldeas asesinados y humillados. Avanzaron en caravanas, alternando entre gritos, llantos y silencios. Con una mano agarraban a sus niños y a sus ancianos y con la otra, las llaves de sus casas -que nunca recuperaron- y las pertenencias, que luego perdieron.
Desde ese momento, el pueblo palestino ha sido un ejemplo de resistencia y dignidad en el mundo. Palestina no quiere la guerra: quiere la paz y la libertad. Quiere convivir y que se reconozcan sus derechos junto a los de los pueblos vecinos.
Yo les pido al Pleno y a los presentes que nos imaginen a nosotros, los uruguayos -que hace apenas 200 años que estamos en estas tierras-, siendo despojados de nuestro territorio por un Estado ampliamente superior que diga que esta tierra no es nuestra, sino suya. Imaginen que mañana alguien venga y diga “Tu casa, tu barrio, tu ciudad me pertenecen. Tienes que irte porque, además, tu cultura, tus costumbres, tu identidad y tu familia ya no existen. En definitiva, tú ya no existes”. De solo imaginarlo, debo confesar que se me pone la piel de gallina.
Desde el año 1949 hasta hoy, casi ocho millones de palestinos han sido desplazados forzosamente de sus tierras. ¡Ocho millones, señora presidenta! Y esto como consecuencia de políticas sistemáticas de colonización, ocupación y apartheid. Ese dato representa prácticamente el 71% de la población mundial de palestinos. Desde aquellos años -mitad del siglo XX, de 1949 hasta la fecha-, solo el 28,7% de los palestinos han podido permanecer sin haber sido desplazados de sus hogares de origen; el resto de la población sí lo fue.
La Misión de Supervivencia Económica de las Naciones Unidas para Oriente Medio relataba en diciembre de 1949 que aproximadamente 726 mil palestinos habían sido ahuyentados de sus hogares durante el conflicto del año anterior y eran ahora refugiados, porque el retorno a sus casas estaba siendo bloqueado por soldados israelíes. De ellos, 652 mil estaban pasando necesidades.
Cabe anotar que, en medio de este conflicto, el distinguido mediador escandinavo Bernadotte fue otra de las víctimas del sionismo. Fue asesinado por la Banda Stern, en las calles de Jerusalén -con su ayudante francés, el coronel Sérot-, por haber tenido el coraje de denunciar que:
“Sería una ofensa a los principios de la justicia elemental si a estas víctimas inocentes del conflicto” -refiriéndose a los palestinos expulsados- “les fuera denegado el derecho a retornar a sus hogares mientras que inmigrantes judíos fluyen a Palestina”.
Afirmando nuestro convencimiento de que este no es un problema religioso, sino un problema político, recordamos dichos de Bulos Abboud, quien fuera un prestigioso abogado de la ciudad de Jaffa. Antes de la Declaración Balfour, en 1917, y siendo él mismo de procedencia cristiana, recordaba la libertad de que habían gozado los palestinos cristianos entre los palestinos musulmanes, la ausencia de conflictos religiosos durante décadas precedentes, y asimismo el sentimiento de mutua solidaridad y confianza entre los árabes palestinos cristianos y musulmanes.
También advertía Abboud que el establecimiento de un hogar nacional judío en el país no solo socavaría el carácter nacional de Tierra Santa, sino que, sin duda, además interrumpiría la paz que había reinado en la ciudad santa, porque su población árabe, obviamente, se opondría a un desquiciado plan que los convertiría en minoría en su propia patria.
Queremos reivindicar desde aquí, señora presidenta, la existencia del pueblo palestino. Los palestinos existen; es mentira que no hay palestinos. La líder sionista Golda Meir afirmaba hace muy poco, negando la existencia de los palestinos:
“¿Cómo vamos a devolver los territorios ocupados? No hay nadie a quién devolverlos. No hay tal cosa llamada palestinos”.
Ellos no existían. El pueblo palestino existe y -permítaseme decirlo- es imborrable. Su cultura es hermosamente rica. Pintores, músicos, y sobre todo poetas, han marcado el rumbo y han sido claves en el espíritu de resistencia. El olivo está siempre presente. La poesía es el género más popular en la literatura palestina y es considerada una expresión de solidaridad y conciencia nacional. Como pocos, los artistas palestinos están comprometidos con las causas de su nación.
En un documental, una alumna del famoso pintor palestino Youssef Katalo muestra su pintura de Al Aqsa detrás de un muro de alambre de púas del apartheid y explica cómo disfruta sus clases:
“Nos enteramos no solo de algo totalmente nuevo, las técnicas artísticas, cómo usar los materiales. Pero también de la forma de expresar lo que sentimos, cómo utilizar un pincel para contar lo que somos y lo que queremos”.
Ser reconocidos y ser libres es un derecho de todos los pueblos, también del palestino.
Señora presidenta: entendemos que hay que resolver acerca de los elementos del siguiente punteo para acabar con esta y otras injusticias, ante las cuales el mundo no puede seguir mirando para el costado: desalojar territorios ocupados; garantizar el agua y demás necesidades básicas para el pueblo de Palestina -allí solo los ciudadanos ricos tienen agua-; liberar a más de diez mil presos políticos; el cese definitivo de la construcción de asentamientos para colonos israelíes en territorios palestinos; llegar a un acuerdo definitivo para la conformación y convivencia de dos Estados independientes: el Estado de Israel y el Estado Palestino, y la necesidad de unidad entre las diferentes corrientes políticas palestinas.

Por último -y sobre todo, señora presidenta-, hay que respetar los acuerdos internacionales y lo establecido por las Naciones Unidas sobre Jerusalén. La ONU dice que Jerusalén no debe ser dividida, sino que debe ser compartida por palestinos e israelíes, respetándose la presencia de zonas santas e históricas para ambas comunidades.
Queremos mostrar ese video, que gráfica claramente lo que pasa hoy en territorio palestino, particularmente en Gaza, y en este sentido hacíamos mención al mensaje del secretario general de Naciones Unidas.
El video original, señora presidenta, dura más de 8 minutos; este dura dos minutos y muestra el inicio y el final, porque lo que se ve en el medio es realmente muy, pero muy doloroso.

(Vídeo original)https://www.youtube.com/watch?v=ikJPK7PkQ08&feature=youtu.be

Entendemos que la humanidad no puede convivir más con este tipo de cosas. No podemos seguir mirando para el costado. No queremos más esta porquería en el mundo, señora presidenta. Esa es la realidad. Y como no la queremos, la denunciamos. Queremos que todos los pueblos del mundo, pero en especial Palestina, vivan en paz, en libertad, y que se le reconozca como pueblo porque existe. Queremos paz y vida digna para el pueblo palestino.
Muchas gracias."