Lilián Galán  

La pobreza es un lujo que no nos podemos dar

18/08/2017

Nuestro Parlamento terminó de saldar el proceso de discusión de Rendición de Cuentas. Como es habitual, el esfuerzo se centró en qué priorizar entre tantos objetivos necesarios, sí, pero no abarcables todos ellos con el espacio fiscal disponible (asumiendo, claro, que no existe consenso político para profundizar la reforma fiscal iniciada en 2007).
Una de las prioridades que nos propusimos atender fue dotar a los Centros de Atención a la Primera Infancia de los recursos necesarios para ampliar la cobertura de atención a los niños de las familias más vulnerables.
Pese a la caída constante del número de personas que viven por debajo de la Línea de Pobreza y en la indigencia durante los últimos 12 años, el dato duro e insoslayable es que la pobreza tiene cara de niño.
Según el Reporte Uruguay 2015, elaborado por OPP y MIDES, uno de cada cinco niños menores de 4 años se encontraba por debajo de la Línea de Pobreza (20,9%), mientras que para toda la población mayor de 4 años esa proporción no alcanza a uno de cada diez uruguayos (9,1%). Esta brecha disminuye en el interior del país y se incrementa en Montevideo, donde la pobreza estaba presente en uno de cada tres niños menores de 4 años (28,8%). La indigencia también registra un continuo descenso, que en 2014 llegó a 0,3% de la población. Nuevamente, esta cifra es sustantivamente mayor (el cuádruple) entre los menores de 4 años (1,1%). De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud, Nutrición y Desarrollo Infantil (ENDIS, 2015), surge que el 4,3% de los niños menores de 4 años vive en hogares que presentan inseguridad alimentaria grave y 8,9% lo hace en hogares con inseguridad alimentaria moderada.
Que tantos niños en nuestro país crezcan en la pobreza o la indigencia no solo es éticamente inaceptable, es un costo con el que la sociedad entera carga, no importa qué tanto algunos quieran tapar el sol con el dedo. Los resultados científicos demuestran que el período que transcurre entre el embarazo y los primeros años de vida es el más significativo en la formación de las personas, y es clave para el desarrollo del capital humano de las naciones.
La pobreza impacta en aspectos tan diversos como el bajo peso al nacer, puntajes más bajos en pruebas cognitivas, problemas de conducta y socialización.
Los factores del empobrecimiento también se conforman en un círculo vicioso al que podríamos simplificar en el siguiente esquema:
Empobrecimiento/desempleo: hambre, enfermedadà Subsistencia a toda costa: trabajo sumergido, iniciación en actividades ilegalesà Situación familiar: malas condiciones, hábitat, hacinamientoà Déficit en el desarrollo de los niños: ausentismo escolarà Mínima cualificación profesional: trabajos marginalesà Pocas posibilidades de trabajo: desempleo/empobrecimiento (y reinicio del ciclo).
El esquema anterior es funcional al desarrollo del capitalismo en esta etapa, tal como referimos en una nota anterior al respecto (http://www.republica.com.uy/renta-basica-universal-i/).
Las experiencias realizadas de implementación de una Renta Básica Universal (RBU) en contextos tan dispares como las localidades de Dauphin (Canadá, 1976-1979) y Otjivero-Omitara (Namibia, 2008) recogen, sin embargo, resultados esperanzadoramente positivos y similares entre sí, a pesar de que los contextos socioeconómicos y culturales eran totalmente diferentes.
En todos los casos se aseguró un ingreso mínimo, no sujeto a condiciones de ninguna índole, y cuyo monto aseguraba que las familias superaran la Línea de Pobreza. Las evaluaciones llevadas a cabo permitieron confirmar que las personas no abandonaron sus empleos, salvo los casos de jóvenes que vieron en esto la oportunidad de retomar sus estudios, o cuando existía algún familiar en situación de dependencia que exigía cuidados. Se verificó la creación de nuevos pequeños emprendimientos, ya que muchas personas encontraron que al contar con la RBU, podían asumir el riesgo de iniciar su propio negocio.
En la abrumadora mayoría de los casos el dinero fue destinado a fines de primera necesidad: alimento, abrigo, mejoras en la vivienda, salud, educación, y no en gastos superfluos, como muchas veces se opina desde el prejuicio estigmatizador.
En el caso de Dauphin se verificaron mejoras sustantivas en materia de salud, especialmente salud mental: se redujeron en un 8,5% las hospitalizaciones, lo que sugiere que la RBU podría ahorrar costos en la atención de salud. Y es que la habitual incertidumbre que acompaña las situaciones de vulnerabilidad y pobreza tiene un costo en salud, adquisición de adicciones, situaciones de violencia, etc.
A pesar de que los resultados fueron ampliamente positivos en ambos casos, los programas se suspendieron, sin explicaciones.
Creemos que es tiempo de que Uruguay se plantee asegurar que ningún menor de 18 años crezca en situación de pobreza. Toda la evidencia indica que es la propuesta más seria y sustentable para terminar con el círculo vicioso de la pobreza. Constituye una medida democratizante comparable con lo que fue la Reforma Vareliana en su época.
Y finalmente será un primer paso hacia la implantación de la RBU, teniendo en cuenta que el avance tecnológico implicará desde el corto al mediano plazo una continuada disminución en el número de puestos de empleo remunerado.