Daniel Caggiani  

La rana y el agua hirviendo

29/09/2015

Desde la llegada del FA al gobierno nacional distintos actores sociales hasta entonces postergados han tenido un rol protagónico en estos más de diez años de gobierno progresista. Hemos logrado impulsar y consolidar una enorme fuerza social y política que nos ha permitido alcanzar grandes e importantes logros para el conjunto de nuestro pueblo. Asimismo desde hace un tiempo, pero con marcada fuerza en los últimas meses, se denota con preocupación un importante avance del discurso y la agenda conservadora que se resiste a perder el poder que históricamente ha tenido en las decisiones políticas de nuestro país. Este avance viene siendo principalmente impulsado por los viejos grupos políticos de la oposición y también algunos sectores económicos de peso que junto a sectores religiosos y culturales hegemónicos han cobrado una marcada relevancia pública.

Todos estos actores han jugado históricamente un papel importante en la definición de cómo atender los principales problemas de nuestras sociedades; los asociados a los temas más duros en torno a las desigualdades económica y los factores productivos que las generan, así como aspectos que hacen a la democratización de varias esferas de nuestra sociedad como la participación política, los derechos sociales y civiles, los temas que hacen a la comunicación, la laicidad y la diversidad. Lo han realizado muchas veces de manera cautelosa y solapada, otras de manera evidente y explícita. El punto es que siempre han intentado jugar un papel activo en la defensa de sus propios intereses y para ello siempre han sido presentados como los intereses necesarios para el bien común de nuestra sociedad. Este criterio de acción histórico nada tiene que ver con el interés general del conjunto de la población y menos aun de los mas embromados.

Hoy, en un contexto de menor crecimiento de la economía nacional, sumado a una región que enfrenta una situación económica menos ventajosa, con una caída de los precios del petróleo y los comodities y con sociedades que tienen mayores niveles de expectativas estos viejos actores pretenden impulsar e imponer viejas recetas travestidas en nuevas etiquetas. Así es que pretenden instalar públicamente la imperiosa necesidad de una “nueva agenda” con los rótulos eufemísticos de la “debida prudencia”, “sensatez” o “mesura” del gasto público, que no es otra cosa que decir bajemos el costo del Estado y la inversión de las empresas públicas, congelemos salarios y recortemos el gasto público social, apostemos a la “asociación con el capital privado” y todas esas maravillosas recetas que siempre se les “ocurren” como novedosas.

Esta escalada además se asienta en la intención de querer plantar en la ciudadanía, por todos los medios posibles, la idea de que en estos 10 años ha existido “una mala gestión del Frente Amplio”, incluso algunos lengua flojas intentan instalar, cual eslogan importado, la idea de la supuesta “década perdida” a través de la falsa afirmación de una bonanza económica desaprovechada. Existe un constante esfuerzo por borrar de la memoria histórica de nuestro pueblo las condiciones en las que el país se encontraba antes de la llegada del Frente Amplio al gobierno nacional.

Se ha optado entonces no sólo por cuestionar las bases ideológicas que sustentan las políticas que se llevan adelante desde el gobierno, sino por intentar echar un manto de desconfianza sobre la ejecución de las mismas. Y así surgen constantes interpelaciones y propuestas de comisiones investigadoras sin argumentos profundos o basadas en verdades que se cuentan a medias, apelando al fantasma de la corrupción. Se han cuestionado una y otra vez las políticas sociales y redistributivas abonando en paralelo a un sentimiento de intolerancia y desprecio hacia sectores socio-económicos que se han visto favorecidos por éstas. La misma estigmatización que recayó sobre “los jóvenes” durante la campaña para intentar bajar la edad de imputabilidad penal, se extiende sobre las familias que luego de lustros de exclusión social, todavía no logran ingresar al mundo del trabajo.

Por otro lado aparecen otra vez en escena viejos personajes ajenos al espectro político que de forma solapada hacen su aporte a cometidos semejantes. Es el caso por ejemplo de las Cámaras Empresariales que a través de su discurso buscan consolidar la idea de recalentamiento y recesión de la economía con el fin de achicar los horizontes posibles en el planteo de los trabajadores para las negociaciones colectivas que establecen los aumentos salariales. A través de este discurso de “incertidumbre” lo que se busca es presionar para lograr cierto control y de alguna manera poner trabas a uno de los mecanismos redistributivos que se ha afianzado en la última década.

En este sentido cabe apuntar que si bien existe enlentecimiento en el crecimiento económico anual, asociado principalmente a las condiciones macroeconómicas externas (sobre todo las de nuestros socios comerciales regionales, Brasil y Argentina), y que debemos ser cautelosos a este respecto, las proyecciones de crecimiento de nuestros país según organismos internacionales como el Banco Mundial o el FMI se sitúan en el entorno del 3%. Además de esto, más allá de las diferencias que puedan existir de acuerdo a cada rama de actividad, en términos generales las ganancias del sector empresarial tampoco han parado de crecer desde 2005, incluso bastante por encima de los ajustes impulsados a través de los consejos de salarios.

Otros fervientes promotores del modelo conservador han sido algunos representantes de la Iglesia Católica, que se han colado en la escena política y mediática, marcando su oposición al gobierno frenteamplista y tratando de incidir como institución en la definición de diversos asuntos públicos, en un Estado constitucionalmente laico desde 1918. Aquí se pueden apuntar varios hechos, desde la lucha contra la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, aprobada en el pasado período, hasta su más reciente intención de presionar en torno a las decisiones sobre políticas educativas.

Sobre esto último se destacan dos asuntos en los últimos meses; la pública oposición a la “guía de diversidad sexual” que se introdujo como una herramienta más en los centros educativos para educar en derechos y equidad, así como también la avanzada mediática en la necesidad de impulsar un “FONASA de la Educación” (Privada) y la defensa de los liceos “públicos” de gestión privada. Decir “públicos de gestión privada” no es más que un eufemismo tras el que se esconde una pretensión de reforzar y expandir un modelo educativo selectivo y excluyente que termina siendo en gran parte financiado por el Estado a través del descuento de impuestos a las empresas que realizan “donaciones” para su funcionamiento de los mismos.

Cuenta una vieja fábula que “si se arroja una rana viva a una olla con agua hirviendo, la rana con toda seguridad se salvará, pues ante la sensación abrasadora del agua en ebullición, el batracio se impulsará sobre el agua en centésimas de segundo y saltará fuera de la olla humeante. Pero si se mete la misma rana en la misma olla, sólo que esta vez llena de agua fría, la rana se sentirá cómoda en su elemento, y no saltará. Si luego se calienta paulatinamente el agua, se verá como la rana termina su vida cociéndose sin que apenas se entere. ¿Qué ha pasado? Simplemente que en el segundo experimento la rana no detecta los pequeños cambios paulatinos, sino que percibe una agradable tibieza que termina llevándole a la muerte, pues cuando quiere reaccionar ya es tarde, bien porque carece de fuerzas, bien porque no encuentra la base necesaria para apoyar un enérgico salto o simplemente porque carece ya de la voluntad de salvarse."

Todas estas cuestiones reflejan un esfuerzo constante y sistemático por volver atrás deteniendo el proceso que se inició hace 10 años. No podemos perder esto de vista y es necesario trabajar duramente para contrarrestarlo. Nuestra fuerza política es una fuerza transformadora, por tanto además de legislar, gobernar y gestionar adecuadamente no debemos alejarnos de las discusiones profundas y del intercambio constante con nuestro pueblo para poder proyectarnos en el tiempo. Esta es la única forma de evitar esa imperceptible adaptación al medio que pretende cocinarnos a fuego lento.

La disputa con las fuerzas conservadoras para la construcción social de una concepción de un mundo y un sistema más justo es algo que históricamente hemos enfrentado, por lo que saltar hoy de la olla de agua hirviendo depende de nuestras propias capacidades. Nuestro pueblo, con justa razón reclama que se sostengan los cambios y que se continúe avanzando. Todos los logros que se han conquistado se transforman hoy en el piso y tenemos que tener la capacidad de alejar el techo. Es necesario que en la izquierda toda nos pongamos a discutir en torno a ello. Tenemos un programa y tenemos un rumbo, pero debemos seguir generando insumos, análisis, propuestas y herramientas en esta dirección.

¿Cómo seguimos aportando a los procesos redistributivos que acorten las brechas de desigualdades? ¿Cómo hacemos más justos y eficaces nuestros sistemas tributarios? ¿Cómo adaptamos nuestros marcos legales a las nuevas coyunturas? ¿Cómo fortalecemos nuestros procesos de integración en la región? ¿Cuáles son las áreas que deben ser prioridad en la asignación presupuestal? ¿Qué educación queremos para nuestros gurises? Es necesario discutir profundamente desde las propias bases de la izquierda, que son el motor fundamental de este proceso.

En las últimas semanas, a raíz de los distintos sucesos que se han dando en torno al debate presupuestal, sobre todo en lo que tiene que ver con los recursos para la educación, ha quedado más que demostrado que los trabajadores, los estudiantes, el pueblo en general, está dispuesto a organizarse y debatir en torno a lo que se cree justo. Como izquierda y como gobierno debemos estar a la altura de las circunstancias. Debemos tener la capacidad de generar los espacios de pensamiento y diálogo necesarios con (y entre) nuestras bases sociales que se capitalicen en la construcción colectiva de ese país más justo por el que seguimos luchando evitando también de esta forma que algunos oportunistas impongan sus valoraciones y sus métodos.

Para que la sociedad uruguaya siga avanzando en mayores niveles de inclusión, mayores niveles de igualdad y más oportunidades para todos es sumamente necesario un mayor involucramiento de los actores sociales y de nuestra fuerza política en la lucha contra este avance conservador, de modo de seguir generando las condiciones que nos permitan continuar transformando nuestro país.

 

*Publicado en Montevideo Portal - 29.09.2009