Nelson Larzábal  

“La Huella" – 40 años

02/12/2015

(Intervención en la Media Hora Previa de la Sesión ed Diputados 2 de diciembre 2015). El pasado 1° de agosto se cumplieron 40 años  de comenzada su actividad  la “Granja Hogar La Huella”, hoy “Asociación Civil Hogar La Huella”.

40 años desde que un grupo de Jóvenes Cristianos, daban un paso hacia un futuro lleno de incertidumbres y dudas pero cargado de ESPERANZAS y  FE. Soñando concretar sus ideales de vida comunitaria y solidaria y lo hacen llevando a vivir a su casa a un puñado de niños en situación de abandono. Los movía el deseo de dejar de hablar tanto de un mundo mejor y empezar a construirlo, de probar que era posible en el día a día, ensayar un modo de vida más solidario, más fraterno, más inclusivo, de probar que era posible dar una respuesta a un problema social concreto, el de los niños abandonados.

El hogar “La Huella”, está ubicado en las afueras de la ciudad de Las Piedras, departamento de Canelones.

El 1° de agosto de 1975 hacía apenas 2 años de que en Uruguay se había dado un golpe de Estado de trágicas consecuencias. El control de la dictadura era total y la represión descargaba todo su peso sobre cualquier iniciativa de cambio. La situación social y política del país era angustiante. En ese contexto, muchos jóvenes se negaban a la resignación y buscaban espacios y alternativas para canalizar sus inquietudes de justicia e igualdad, algunos la encontraron en la alternativa de “vida comunitaria” que les permitía además un espacio de protección e inclusión para los más afectados, los más pequeños e indefensos, los niños abandonados.

Descubriendo que “la realidad es mucho más impactante y apasionante que la teoría”, dejar de hablar de “dar la vida” y encontrarte todo el día al servicio de los demás. “Una cosa es hablar de liberación  y entrega y otra cosa es realizarla cotidianamente”, decía uno de ellos en una entrevista, tres años después.

Hace 40 años, tres  jóvenes (Nacho Sequeira, Acho Carrau y el Mono Ponchitesta), acompañados del padre Roberto García SJ. a los cuales pronto se les agregarían otros (Gonzalo Mujica, Mario Costa y Laila Diab, Inés Bruschera),  “lo dejaban todo” para irse a vivir a una vieja quinta en las afuera de Las Piedras, comenzaba a nacer una nueva realidad: la “Granja Hogar la Huella” una esperanza que naciera en el seno de Movimiento Juvenil “Castores”, de los colegios de los Padres Jesuitas y que creció como una “comunidad de laicos” acompañadas por un cura, primero Roberto García SJ.  y a partir de 1978 “Perico” Luis Pérez Aguirre, SJ.
Y se fueron sumando otros jóvenes que no provenían ya de “los Castores” como: Sara, Rosa, Gabriel, Ana Luisa, Gabriela, Nelson, Adriana, Victoria, Daniel, Elena, Carlos, Ema y que dieron su tiempo y parte de su vida, con mucha felicidad y entrega.

Los objetivos de la Comunidad son:

LA VIDA EN COMUNIDAD, que apunta a mostrar que una sociedad puede organizarse de otra manera, cimentada en valores que no son los de la competencia y el lucro, sino los evangélicos de la solidaridad, el servicio, la participación, la “ opción preferencial por los pobres”. Mostrando un pequeño modelo alternativo de sociedad.

LA EDUCACIÓN DEL NIÑO MARGINADO, trayéndolo a vivir dentro de la propia casa y brindándole todo el cariño del que son capaces teniendo como ejes pedagógicos la solidaridad, el compartir, la participación, el trabajo y el AMOR. “El AMOR como instrumento de transformación. Un niño que reciba Amor, sabrá darlo”.
AUTOFINANCIARSE, generando trabajos productivos dentro de la granja, como tambo, cerdos, huerta, etc. Y aportando los sueldos por los trabajos personales fuera de la misma.

CRECER EN LA FE Y CELEBRARLA COMUNITARIAMENTE , en su dimensión más plenificante y liberadora; FE que lleva a vivir un estilo de vida sobrio y de servicio, solidarizándose con QUIENES  PADECEN  INJUSTICIAS Y CON LOS QUE ACTUAN JUNTO A ELLOS PARA SUPERAR SUS CAUSAS. Estando dedicados a una tarea específica: acompañar al niño y la niña marginados en el costoso camino de hacerse hombre y mujer.

Este grupo de niños que habían sido abandonados son el centro de la comunidad y se trata de cada uno tenga todo lo necesario para defenderse en la vida: cariño, techo, una cama limpia, pan en la mesa compartida, lápices y cuadernos para cultivar su mente y por todo esto mucha alegría en los ojos y en el corazón.
¿Por qué el nombre de “La Huella”? La Huella es el sentido que el hombre debe darle a su vida, dejar su huella. Solo hace huella aquel que avanza. Los niños dejan su huella en nosotros y nosotros nuestra huella en ellos y la gente que nos acompaña también tiene que dejar su huella y recibirla de los niños y la comunidad, que les ayuda a hacer un proceso nuevo de conciencia partiendo del gesto solidario.

“La Huella” creció como una comunidad abierta, abierta a todos los brazos, manos y corazones de buena voluntad, que quieran hacer su aporte para que el sueño de Jesús y de los niños sea posible.
Como una comunidad que quiere dar lo mejor al más pobre y al más pequeño entre nosotros.

Una comunidad que quiere que no existan niños sin hogar, sin seguridad, sin esperanzas de una vida digna. Un hogar privado, por convenio con INAU hasta el día de hoy. Que fue reconocida por UNICEF como una alternativa no-gubernamental al problema de la infancia abandonada y propuesto como modelo en los años 80.
Una comunidad que da espacio para que muchos hagan y dejen huellas a través de esa experiencia. Fueron y son cientos las personas de diversas edades que pasan por la comunidad a lo largo del año.

Y vaya que dejó huellas para todo el país: Desde su vientre se gestó la revista “La Plaza”, prácticamente el primer periódico opositor a la dictadura, se gestó el “Servicio Paz y Justicia” de Uruguay, se organizó el “ayuno por el dialogo y la democracia” que llevaron adelante los religiosos Jorge Osorio,  Ademar Olivera y Perico Pérez Aguirre, y otras actividades de menor entidad pero que marcaron la historia reciente de nuestro país.
Una Comunidad  que organiza la vida con creatividad y responsabilidad. Mostrando una “iglesia” (que quiere decir pueblo de Dios), en permanente renovación, fiel a la radicalidad del Evangelio e inspirados en las palabras de los Obispos en Puebla:

“Esta, debe de ser nuestra primer opción pastoral: la Comunidad Cristiana; cada comunidad eclesial debería esforzarse por construir para el continente un ejemplo de modo de convivencia donde logren aunarse la libertad y la solidaridad, donde se viva una actitud diferente frente a la riqueza. Donde se ensayen formas de organización y estructuras de participación, capaces de abrir caminos hacia un tipo más humano de sociedad” (Puebla.n273).

La mística de la comunidad está asentada en el seguimiento de quién afirmó, “no he venido a ser servido, sino a servir y dar la vida”.

Se centra en la Oración del Abbé Pierre en el Movimiento Castores de Emaús:

“Frente a cualquier sufrimiento humano,
Según lo que puedas,
preocúpate,
No solamente de solucionarlo en el acto,
sino también de destruir sus causas.
No solamente de destruir sus causas,
sino también de solucionarlo en el acto.
Nadie es,
ni serio, ni bueno, ni justo, ni verdadero,
mientras no haya resuelto,
según sus medios,
consagrarse de corazón,
con todo su ser,
tanto a una como a otra
de esas dos tareas,
las cuales no pueden separarse
sin renegarse”.

Y la frase que estaba en el centro de la “comunidad”: “¿Pa´ que es la vida, sino es pa´darla?” y los comunitarios le agregaban, “CON FELICIDAD”.