Lucía Topolansky  

Sobre el medio ambiente y la Cumbre sobre el Cambio Climático en París

11/12/2015

Intervención en Cámara de Senadores con motivo de la Cumbre sobre el Cambio Climático en París.

La definición de medio ambiente nos dice que se trata «de las relaciones entre los seres vivos y el medio ambiente en el que viven». Si partimos de esa definición, creo que es importante hablar del tema, por supuesto, teniendo presente ese equilibrio que supone el cuidado del planeta con sus habitantes humanos –que deben comer, vestirse, trasladarse, habitar, etcétera– y animales.

Es bueno recordar hoy que cuando se discutió la ley de colonización fue la primera vez en América Latina –y me atrevería a decir que en buena parte del mundo– que se manejó el concepto de medio ambiente; por lo tanto, en Uruguay la preocupación no es nueva. En realidad, estas palabras vienen a cuento porque en estos días se desarrolla la Cumbre sobre el Cambio Climático, en París, y esperamos que no pase como en Kioto, que contó con los mejores informes técnicos y las mejores intenciones, pero hubo nulas decisiones políticas vinculantes y penables.
Queremos decir que en esta cumbre Uruguay ha sido destacada en la discusión, a propósito de la relación entre calentamiento global, agricultura y producción de alimentos. Se ha propuesto a nuestro país participar en la iniciativa «4 por mil», pues juega un papel destacado por su plan de uso y manejo de suelos, vigente desde el año 2013.

Hay que saber que el objetivo del encuentro es que la temperatura no aumente más de dos grados por encima de la temperatura que había en la era preindustrial.
La delegación de Uruguay estuvo compuesta, entre otros, por el ministro Aguerre, la ministra De León y Ramón Méndez. El ministro Aguerre nos dice que al cambio climático hay que analizarlo en dos columnas: mitigación, es decir, trabajar sobre las causas, y adaptación, donde hay que trabajar sobre las consecuencias. Uruguay es un país atípico; de la misma forma que tenemos tres millones trescientas mil personas, producimos alimentos para veintiocho millones. Es natural que la mayor parte de nuestras emisiones estén en la agricultura y allí también nos afecta el cambio climático.
Como novedad en este encuentro, cabe destacar que la agricultura está hoy considerada en los preacuerdos como un sector especialmente vulnerable y vinculado a los objetivos de desarrollo sostenible. Se vincula al cambio climático con la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza, y esto es fundamental.

Aguerre también nos dice que cuando mencionamos el calentamiento global estamos hablando de los tres principales gases de efecto invernadero, de los cuales el anhídrido carbónico y el metano son de los más importantes; no olvidemos que nosotros tenemos agricultura y ganadería. Al hablar del carbono debemos entender que si consideramos al planeta en su conjunto, hay mucho más carbono en los suelos que en la atmósfera. Por lo tanto, manejar bien o mal la agricultura, es decir que el carbono que está en el suelo se pierda o se mantenga y que se hagan prácticas, de ahora en adelante, para que lo que se perdió se recomponga es una parte importante de la solución.
Esto es por lo que se mira a Uruguay, aunque la agricultura como tal explica solamente el 14 % de los gases de efecto invernadero, pues los problemas mayores están dados básicamente por la energía y el transporte.
Nos dice también Aguerre que para que un suelo pueda secuestrar carbono primero tiene que haberlo perdido, y la mayor parte de los suelos del mundo ha perdido carbono debido a la erosión. O sea que esa posibilidad existe, pero para que se dé debe haber una agricultura en equilibrio; se debe dar una condición de equilibrio como para secuestrar carbono.
Es por esto que en la Conferencia de París se destaca la política pública uruguaya de conservación de suelos y los planes de uso y manejo.
Nos informa también el ministro que es necesaria la propuesta de manejar mejor los pastizales. El mundo tiene 3.600 millones de hectáreas naturales que no tienen otro destino que el de ser pastizales y tener algún herbívoro encima, pero si se manejan bien, pueden captar carbono. Lo importante de esto es que no tiene costo; se trata de ganar o ganar, porque produciendo más tendremos una mejor conservación de suelos, secuestro de carbono y mayor producción ganadera.
Hay que recordar que Uruguay tiene el ensayo de rotaciones más extenso de toda América Latina, que empezó en el año 1963 en la estancia La Estanzuela, de modo que hay información nacional acumulada.
Dice Aguerre que «como país estamos aplicando una política muy moderna sin papeles, de manera informática, con una fiscalización satelital, pero que se basa en sesenta años de investigación nacional y de ajuste de los mejores modelos internacionales».

–Asimismo, cabe recordar que en Uruguay, desde el año 2013, es obligatoria la presentación de un plan de uso y manejo de suelos, algo que no existe en otros países del mundo.
En materia de cambio climático siempre se habló del secuestro de carbono de los bosques y todo el modelo de los bonos de carbono que surgió a partir del Protocolo de Kioto tenía un componente muy fuerte en el secuestro de carbono forestal. En Uruguay, nosotros también tenemos una masa forestal favorable.
A este breve resumen de París debemos sumarle la inversión medioambiental, que probablemente sea la más importante de la historia del país: la desulfurizadora, que tiene enormes repercusiones en el aire y en la salud de la gente.
En el recuento está también el cambio de la matriz energética; la reconversión de la matriz eléctrica tiene como resultado una emisión veinte veces menor, por habitante o por kilowatt, que el resto del mundo.
A su vez, la Intendencia de Montevideo fue premiada en cuanto a las emisiones por el manejo de la disposición final de residuos. Existe un extenso informe del año 2013, que es bueno leer, hecho por el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, titulado «Estado del ambiente», en el que se describen con detalle todas las políticas, pues en este breve resumen podemos olvidar algunas de las iniciativas promovidas fuertemente por los gobiernos del Frente Amplio. Como vemos, nuestro país se compromete en el mejor de los sentidos, aunque por su tamaño no incide de forma decisiva en el mundo. El agujero de ozono lo producen, fundamentalmente, los países del hemisferio norte y lo sufrimos más los del sur.
      Finalizando el año, creo que serán motivo de alegría de los medioambientalistas uruguayos, y también de orgullo, estas buenas decisiones políticas de los gobiernos del Frente Amplio, muy resumidas en estas palabras, y que nos colocan –y el destaque de París lo demuestra– entre los países mejor posicionados de la tierra.
      Ojalá que por el bien de este planeta la Cumbre de París tenga éxito.