Lilián Galán  

#VotoExteriorUy

28/12/2017

En la última sesión de Cámara de Diputados de 2017 aprobamos un proyecto de Ley que marca un avance inicial para lograr que los uruguayos puedan votar desde el exterior.
Decimos que es inicial porque se trata simplemente de interpretar lo que ya dice la Constitución y crear un grupo de trabajo. El proyecto aprobado consta de dos artículos: el primero interpreta los artículos 77 y 81 de la Constitución, diciendo que el hecho de vivir en el exterior no es obstáculo para ejercer la ciudadanía, y en el segundo artículo se crea un grupo de trabajo multipartidario e interinstitucional, para que discuta y provea de insumos para la redacción de un segundo proyecto de Ley.
Este segundo proyecto, aun no redactado, sí, tendría como objetivo instrumentar el andamiaje legal necesario para que los uruguayos puedan votar desde el exterior. Para la aprobación de este segundo proyecto será necesaria una mayoría especial
La oposición (a excepción de Asamblea Popular) optó por montar un escándalo, y abandonar la sala. Circo mediático, cero argumentos, y sin dudas, y aunque no lo digan, un convidado de piedra vertebrando todo el espectáculo: el miedo de que habilitar el voto desde el exterior perjudique sus aspiraciones electorales.
Que quienes viven en el exterior tienen el derecho constitucional a votar lo demuestra el hecho de que, todos aquellos que pueden hacer el esfuerzo de pagar el pasaje y venir a votar, lo hacen, y es perfectamente válido.
Ahora bien, a contramano del terror no explicitado de la oposición, la evidencia empírica disponible de otros paises sugiere que el impacto político de las preferencias de estos electores es marginal por el efecto combinado de dos variables:
1) el porcentaje de ciudadanos que efectivamente vota desde el exterior sobre el total es pequeño;
2) las preferencias políticas de los votantes desde el exterior no son homogéneas; se distribuyen entre la oferta electoral disponible.
Algunos ejemplos del primer punto: en Ecuador en 2006 los votos desde el exterior fueron 1,1%, en Brasil el mismo año 0,04%, en España 2004, el 1,1%, en Venezuela en 2006, el 0,17%, y podríamos seguir. Respecto al segundo punto ¿A qué candidato se favoreció en cada caso? Solo contando los votos llegados desde el exterior los resultados fueron los siguientes: En el caso de Ecuador la diferencia favoreció al candidato opositor a Rafael Correa, que obtuvo 54% de los votos, en el caso de Brasil, Lula obtuvo el 54%, en el caso de España en la contienda entre Rajoy y Rodríguez Zapatero, favoreció al primero con el 54% y por último en Venezuela el candidato opositor a Chávez se alzó con el 84% de los votos emitidos desde el exterior.
Así que me pregunto a qué le teme nuestra derecha vernácula. Su negativa a implementar este derecho solo habla de su pobreza política.
El efecto amplificado del circo de la oposición se hizo sentir en las redes, y muchos salieron a repetir un concepto que podría resumirse más o menos así: “sino están acá para sufrir el gobierno, (o pagar los impuestos) entonces no tienen derecho a votar”. Hay un tono de reproche hacia los que emigraron, algo así como que disfrutan del privilegio de no vivir en Uruguay.
Será tarea de cientistas sociales desentrañar los por qué de este sentimiento que aflora en algunos compatriotas.
Por nuestra parte, trataremos de aportar algunos datos concretos que demuestran que muchos uruguayos en el exterior están tan concernidos de lo que pasa en el paisito, como cualquiera que viva dentro de fronteras.
Un sinnúmero de organizaciones de uruguayos en el exterior realiza donaciones a nuestro país las cuales se dirigen al sector más vulnerable de la sociedad. Desde remodelación y refacción de escuelas rurales, compra de equipamiento para escuelas y liceos, envío de computadoras, impresoras, ambulancias, equipamiento hospitalario, etc. En particular el ingreso de donaciones se intensifica cuando se trata de atender los efectos de desastres naturales. Para tratar de cuantificar lo anterior, baste saber que las donaciones realizadas por una sola de las tantas organizaciones existentes en el exterior han donado en 9 años aproximadamente 10 millones de dólares. No son donaciones de millonarios, es mucho trabajo y compromiso de uruguayos de a pie con su país de origen.
Por concepto de Remesas (aportes privados de los nacionales residentes en el exterior), en tres años y medio (2014-2015-2016 y 2017), el envío de dinero para Uruguay ascendió a 388 millones de dólares.
Los datos anteriores reflejan la constante implicación de los uruguayos en el exterior con lo que pasa en el país.
Pero yendo más allá, ¿es razonable que nos demos el lujo de prescindir de un importante porcentaje de nuestra población? En todo el continente americano los únicos dos países que aun no habilitan el voto desde el exterior son Uruguay y Surinam, y es que la mayoría de países han entendido que el derecho al voto es una herramienta que ayuda a mantener ligada al país a una población dinámica, valiosa para el desarrollo nacional, que defiende y promueve los intereses del país. Estos argumentos se han manejado, por ejemplo, en Canadá. Otro tanto ha pasado en el caso argentino, donde el mecanismo del voto en el extranjero de los migrantes ha sido defendido como estrategia de vinculación de la diáspora con el país.
En este sentido pensemos por ej. que el año 2016 visitaron nuestro país 313.229 uruguayos residentes en el exterior; se puede aseverar que muchos de estos compatriotas vinieron acompañados de familia y amigos extranjeros. Esta cifra representó un ingreso de más de 126 millones de dólares.
Otro tanto puede afirmarse de uruguayos vinculados a la Investigación científica y tecnológica. Uruguay tiene dos centros de investigación científica y tecnológica de excelencia gracias a la gestión y colaboración de uruguayos que residieron en el exterior. Uno de ellos es el Centro Uruguay de Imagenología Molecular (CUDIM) y el otro es centro de investigación Instituto Pasteur, que se ha logrado también por gestiones de uruguayos residentes en el exterior con el gobierno de Francia.
No importa cuando emigraron, ni tampoco el lugar donde viven; ni cuál es su situación económica, el sentir de la nación está impregnado en la vida de muchos de estos compatriotas, los hechos lo demuestran.
¿A estos uruguayos les podemos decir que por no vivir aquí no se ven concernidos por las decisiones electorales que tomen?
Por mi parte creo que es un argumento mezquino y a la vista de estos datos sin ningún sustento.
Espero que todos los sectores sociales y políticos seamos capaces de encontrar los caminos para superar este triste privilegio de ser uno de los pocos países americanos sin voto en el exterior.